“Soy feliz en lo que hago y en el lugar que estoy, es cierto que el recorrido ha sido extraño, pero creo que cada paso y etapa ha valido la pena”, reflexiona Matías Quer (32) sobre las distintas disciplinas de estudio por las que ha pasado, que incluyen cinco años de Medicina, dos magísteres (uno en Filosofía y otro en Estudios Políticos) y un doctorado en Filosofía en pleno desarrollo. “Creo que los diferentes estudios me han permitido incorporar múltiples perspectivas y herramientas para intentar comprender los problemas que enfrentamos como sociedad”, explica.

Su cara redonda y pelo medio colorín parecen conocidos. Y es que, aparte de sus distintos estudios, un episodio importante en la infancia de Quer fue protagonizar —junto a Ariel Mateluna y Manuela Martelli— la recordada película “Machuca” de Andrés Wood. Quer ha contado que le fue difícil, por su timidez en ese tiempo, enfrentar la repentina fama que le significó la cinta y no le interesó continuar una carrera como actor o en el mundo audiovisual. Hoy es profesor e investigador del centro Signos de la Universidad de los Andes, que busca estudiar y comprender los fenómenos sociales contemporáneos.

El libro de Matías Quer se aproxima a la filosofía política del diplomático y teórico florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527), en especial a través del concepto del miedo. “El Príncipe” de Maquiavelo se considera uno de los primeros tratados de filosofía política moderna, y se centra en cómo los gobernantes del Renacimiento debían actuar para prevalecer en el poder. Según el teórico, un Estado fuerte requiere un líder capaz de defender su poder a toda costa. Es un análisis realista de conductas, decisiones y acciones que no responden necesariamente a la moral, sino a las leyes del poder. Pero, de todas formas, la palabra “maquiavélico” se empezó a usar como un término de carácter negativo, aunque Maquiavelo discurre sobre cuestiones de estrategia política, más que dedicarse a realizar juicios sobre moral o religión

—Se han escrito miles de tratados de filosofía política sobre Maquiavelo. ¿Por qué escribir uno más? ¿A qué público va dirigido?

“Si bien es cierto que existen muchos trabajos sobre Maquiavelo, siempre es necesario volver sobre los grandes autores, tienen mucho que aportar. En mi caso, mi primera motivación fue simplemente dedicarle el tiempo necesario a leer su obra completa, como un autor central en la historia de la filosofía política. Luego quise analizar con atención y detalle el papel que desempeña el miedo dentro de la obra de Maquiavelo. Con ese punto de partida, el libro intentar comprender el conflicto que, a juicio de Maquiavelo, se genera de forma inevitable en toda comunidad política, especialmente entre la élite y el pueblo. En este sentido, el libro apunta tanto a un público interesado en conocer a este autor y profundizar en su obra, como al lector que quiere entender la importancia del miedo en política”.

—En la primera parte del libro señala que Maquiavelo “no es el paradigma del pensamiento renacentista”, como algunos lo han descrito.

“Creo que hablar de un paradigma homogéneo del pensamiento renacentista puede parecer un tanto exagerado. Pero a lo que me refiero es a que Maquiavelo no parece recurrir a los antiguos de la misma forma que lo hacen otros renacentistas. En su caso, esas fuentes clásicas son más bien un punto de partida para intentar un pensamiento político radicalmente nuevo y disruptivo respecto a la tradición”.

—En el libro juegan un rol importante los comentarios sobre Maquiavelo de Leo Strauss y Claude Lefort. ¿Por qué escogió a esos dos pensadores, de entre los muchos que han comentado al autor italiano?

“Es cierto que existen muchos autores que han trabajado y comentado la obra de Maquiavelo. Strauss y Lefort, cada uno a su manera, han sido destacados comentadores del florentino. Lo que más me interesó de ellos, además de que ambos tienen libros que analizan en profundidad a Maquiavelo, fue la posibilidad de complementar sus lecturas. Creo que Strauss capta con claridad el papel del miedo en la obra de Maquiavelo, pero ese hallazgo solamente aparece en algunos momentos y luego queda oculto o en segundo plano, me pareció que ahí había algo a lo que se le podía sacar más partido. Por otro lado, Lefort es uno de los autores que mejor ha identificado la radicalidad del conflicto entre la nobleza y la plebe en la obra maquiaveliana, lo que se suele llamar la ‘teoría de los humores' de Maquiavelo. Me pareció, por lo tanto, que existía un espacio en que ambas perspectivas podían encontrarse e iluminarse mutuamente”.

—Parece claro que Leo Strauss enfatiza la primacía del miedo en el comportamiento humano. Y que Lefort le da importancia a la teoría de los humores —como apetitos o deseos—, una parte capital en la teoría de Maquiavelo, de acuerdo a su perspectiva. Las dos visiones ¿se complementan o contrapesan?

“Me parece que son claramente complementarias y eso es justamente lo que intento mostrar en el libro. Dicho en simple, creo que es posible entender que el miedo tiene —para Maquiavelo— un papel central en cómo nos comportamos políticamente y que esa experiencia del miedo provoca la configuración del cuerpo político como un conflicto permanente entre sus miembros, que es lo que busca mostrar la teoría de los humores. En el fondo, según Maquiavelo, todos tenemos miedo a perder lo que poseemos, a la muerte, al castigo, a que nos quiten lo que hemos adquirido, a la venganza de nuestros enemigos, a las conspiraciones y eso provoca que estemos en permanente conflicto para buscar seguridad”.

—Según el libro, en la teoría de Maquiavelo, el miedo nunca desaparece. ¿La política sería el intento, siempre precario, de mantener a los actores sociales relativamente satisfechos para que no intenten destruir a otros y así conservar la vida y seguridad?

“Creo que el esquema del miedo que aparece en Maquiavelo permite entender una dimensión de las muchísimas que tiene la política, sería muy reduccionista limitar todo el análisis político o querer explicar las motivaciones de todas las personas solamente a partir del miedo. Por lo demás, no creo que el miedo sea efectivamente el punto de partida o la piedra sobre la que se construye todo el edificio de la vida política. Sin embargo, pienso que no se puede negar que la política también implica buscar un equilibrio entre posiciones antagónicas o entre grupos que muchas veces se temen, por buenos o malos motivos”.

—Siguiendo a Maquiavelo, dice que la inseguridad suele ser el punto de partida para intentar cambiar el regimen político. ¿Alguna similitud con la actualidad en Chile?

“Me parece evidente que el miedo y la inseguridad han tenido un papel importante en la política chilena de los últimos años. Sin ir más lejos, diferentes políticos reconocieron en su momento que el acuerdo por una nueva Constitución se debió, en cierta medida, a que no había forma de detener la violencia en las calles. De la misma forma, el aumento que todos percibimos actualmente en la cantidad y el grado de violencia que existe en el sur del país y en múltiples sectores urbanos de nuestras grandes ciudades suele traducirse rápidamente en una demanda ciudadana por mayor seguridad y medidas efectivas. Un ejemplo en este sentido ha sido el cambio que ha tenido la valoración hacia Carabineros por parte de la ciudadanía. Sin embargo, no creo que esto se vaya a traducir en un cambio de régimen político, creo que en Chile sigue siendo lo suficientemente sólido como para sobrevivir a estas turbulencias”.

—Su libro define a Maquiavelo como “maestro del miedo”. ¿Le parecen vigentes estas perspectiva para analizar la política y la sociedad actual?

“Creo que Maquiavelo tiene muchas cosas que decir a nuestra forma de entender la política y de vivir en sociedad en la actualidad, me parece que es un autor muy relevante en ese sentido. Su mirada de lo político, que él busca que sea lo más realista y práctica posible, le permite captar con lucidez diferentes fenómenos, particularmente la dimensión conflictiva de nuestras relaciones, entre otros puntos. Pero creo que se necesitan muchísimos otros elementos para poder comprender a cabalidad lo que significa que el ser humano sea un animal político”.

“Por ejemplo, creo que nunca debemos perder de vista que nuestra vida social está construida en base a una serie de relaciones interpersonales en las que el amor, la amistad, la confianza, el sacrificio, el encuentro y la presencia son esenciales. No podemos perder de vista que no somos solamente individuos aislados que viven en proximidad los unos con los otros, sino que nuestra propia naturaleza nos empuja a relacionarnos con los demás, formar familias y organizar comunidades. Todo esto no se debe al miedo, y es fundamental subrayarlo”.

LEER MÁS
 
Más Información
Más Información
Ver Más Publicidad